Formal, correcta y quizás incluso un poco pudorosa. Dado que nunca había conocido a un bailarina profesional, tengo que admitir que esa era la idea que yo tenía en mi mente de una bailarina. Sin tener una idea mejor, pensé que Sonia Rodríguez, bailarina principal del Ballet Nacional de Canadá, entraba en esta categoría de formal, correcta y pudorosa. Pero no fue así. Tuve la oportunidad de hablar con Sonia en el Walter Carsen Centre, en Queen’s Quay, y descubrí una sola palabra con la que podía describirla después de nuestra entrevista: adorable.
Nacida en Toronto de padres españoles, Sonia y su familia se trasladaron a España cuando ella tenía cinco años, "yo nací aquí. En realidad muchas personas no saben eso. Incluso aquí en el trabajo no se dan cuenta porque tengo el acento". De hecho, ella se acuerda que cuando comenzó en el jardín de infantes no hablaba español muy bien y era extremadamente tímida. Después de ver un programa de ballet en la televisión en España, Sonia suplicó a sus padres para que la pusieran en clases de ballet, convencida de que sería mágico y que ella sería capaz de flotar por el escenario con gracia al igual que los bailarines en la televisión. Gran parte de su disgusto, sin embargo, fue que inmediatamente se dio cuenta de que el baile no es tan divertido y fácil como parece: "Yo realmente no disfruté mucho de este al inicio. No fue lo que pensé". La sensación de libertad que vio en el escenario fue lo que en primer lugar la atrajo a bailar, y cuando le dijeron que tenía que hacerlo de cierta manera, pensó: "Espera un minuto! ¿Dónde está el baile?" Ella se quedó con este pensamiento, sin embargo, cuando ya tenía ocho o nueve años, Sonia ya sabía que la danza era lo que quería hacer para el resto de su vida. Sonia estudió danza con Pedro de la Cruz en Madrid y en la Academia de la Princesa Grace de Mónaco. Ella regresó a Toronto cuando tenía diecisiete años y se unió a El Ballet Nacional de Canadá en 1990. Después de diez años de duro trabajo, Sonia fue ascendida a bailarina principal en el 2000.
Por ser tan talentosa y experimentada bailarina, me sorprendió agradablemente la forma en que Sonia es de relajada y cómo tiene pegados los pies en la tierra. Al haberla entrevistado en un descanso entre ensayos, Sonia pareció realmente interesada en hablar conmigo, abierta y sin dudas para hablar de su vida personal. Es una persona realmente interesante, y me habló acerca de sus experiencias al bailar, de estar casada con Kurt Browning, y sobre cómo en una ocasión estuvo fascinada con las celebridades del espectáculo.
Aunque yo subestimé cómo sería la conducta de una bailarina profesional, hubo una cosa que fue cierta - la pasión por el baile que rebosa de su presencia y de sus palabras al hablar de ello. El apoyo de una firme, unida, solidaria y artística familia fue increíblemente importante para alimentar el sueño de Sonia, aunque no había otros bailarines en su familia (su hermana menor intentó seguir sus pasos para descubrir muy pronto que lo odiaba), hay pintores, músicos y cantantes - no es sorpresa que Sonia recibiera la llamada artística. Ella nunca aspiró a ser como algún famoso bailarín, sino que se inspiró en la cercanía de su familia, sus padres la inspiraron con su dedicación y apoyo, no sólo hacia ella, sino que también del uno hacia el otro.
Al hablar sobre sus experiencias en el escenario, Sonia parece estar mirando hacia un lugar lejano, para recordar un momento personal y emotivo, cada uno especial en su propia lógica. Sonia explica: "Algunos papeles tu sabes que son increíbles desde el primer día. Desde el momento en que tú ves el papel y empiezas a ensayar, ya sabes que es algo especial", y para ella, La Bella Durmiente es uno de los papeles donde "todo viene a la cima en el momento en el que justamente estas allí", y todo lo demás desaparece . Sin embargo, para su sorpresa, hubo otra actuación que le dio el mismo tipo de experiencia. Durante la última presentación de Opus 19/The Dreamer, Sonia se llenó de tanta emoción que las lagrimas inundaron sus ojos, "Fue muy especial para llegar hasta ese punto, sin saber realmente que lo haría".
Por supuesto, en la vida de un bailarín no todas las actuaciones puede ser perfectas. Sonia recuerda que la primera vez que ella no tuvo un buen desempeño fue devastador. Cuando era estudiante, Sonia sólo tenía que hacer dos actuaciones al año, lo que le permitía un perfecto rendimiento en cada ocasión. Realizar presentaciones mas regularmente para el Ballet Nacional de Canadá, sin embargo, fue una historia diferente. Ella perdió un paso en una pieza técnica y parecía que el mundo iba a desmoronarse. La falla le parecía que era una catástrofe, pero mirando hacia atrás ahora, se da cuenta de que no era en absoluto gran cosa. Sonia elabora "que siempre se siente peor de lo que parece. Tú tienes esta ansiedad dentro de ti y estás tratando de hacerlo bien. Todo el tiempo en el escenario es precioso, y no tienes mucho. Tu no quieres tener un día como ese. Sin embargo, no sucede muy a menudo".
Sin embargo, la pasión de Sonia por el baile no termina después de un largo día de ensayo o de una actuación. Ella, en realidad, ansía salir a bailar y bailar. Lamentablemente, con dos hijos y una carrera exigente, no logra hacerlo muy a menudo. Sin embargo, ella ha encontrado una manera de conseguir la experiencia del club aunque sea brevemente. Si usted alguna vez conduce por la calle y ve un coche junto al suyo con la música a explotar, podría Sonia Rodríguez tratando de simular una noche en la ciudad. Pero de vez en cuando ella y su marido salen a bailar, aunque no siempre bailan juntos. Dado que su marido es un patinador artístico profesional, es obvio que él tiene sus propios movimientos, y lamentablemente, no conectan con Sonia, "No puedo hacerlo con él. Es totalmente fuera de control". Han hecho un buen compromiso y bailan cerca el uno del otro.
Dado que Kurt comparte su pasión por el baile, le pregunté a Sonia si ella ha aprendido a patinar desde que conoció a su marido. La respuesta fue un no definitivo. Cuando se conocieron por primera vez ella nunca había andado antes en patines, pero pensó, "Oh, soy tan coordinada. Voy a aprender rápidamente". Pero no fue ese el caso ya que descubrió que ella no es una patinadora por naturaleza. Eso le ha dado un nuevo respeto por lo que su marido hace. Ella siempre puede dar la excusa de que debe tener cuidado de lesiones, pero puede estar orgullosa del hecho de que aprendió a patinar lo suficientemente bien como para hacer una aparición especial como extra en una presentación de Kurt - aunque fue sólo lentamente alrededor de la pista de patinaje.
Ser bailarina principal de El Ballet Nacional de Canadá, así como estar casada con una canadiense olímpico, ha llevado a Sonia a estar cerca de muchas celebridades, pero afortunadamente ella no es una fanatica de las celebridades. Sin embargo, una vez en Vancouver, mientras se estaba filmando X-Files, vio a David Duchovny en un restaurante. Amante del espectáculo, ella hizo caso omiso de su habitual instinto de no acercarse a los actores y con calma le dijo David que realmente disfrutó de su trabajo. Para su sorpresa, el actor la invitó a sentarse con él para cenar. También, Sonia admitió que recientemente perdió su típica tranquilidad en la Canuck Star Walk of Fame, cuando en la cena se encontró sentada a la par de Sigourney Weaver . Sonia pensaba, "¡Oh Dios mío! Estoy cenando con Sigourney Weaver!" Y la describió como tan real y tan bonita que al final de la tarde tuvo que pedirle una foto juntas. Sonia tiene esta fotografía en su Ipod como pantalla al encenderlo.
Cuando se le pregunta sobre su conexión con sus raíces españolas, Sonia recuerda que cuando regresó a Canadá a los 17 años de edad no hablaba nada de Inglés. Ella todavía tenía parientes en Canadá y sus padres se sentían bien al saber que ella todavía podía mantener esa conexión con la familia y con España, mientras que se reajustaba a la vida en Toronto. En la medida en que ella se fue insertando mas en el estilo de vida de Canadá, y, eventualmente, al casarse con un canadiense, la cultura hispana de Sonia cada vez se fue haciendo menos influyentes; ahora se da cuenta de que a medida que va madurando ansía más sus raíces y extraña las costumbres y tradiciones con las que fue criada en los primeros años. La necesidad de estar en contacto con su identidad española que había caído, ahora ha regresado, aunque no está tan involucrada en la comunidad española tanto como le gustaría. Sin embargo, ahora Sonia hace más esfuerzos por estar al tanto de los diversos eventos hispanos en Toronto. Aunque ella no piensa en ser un modelo para la comunidad hispana, siempre se siente tocada cuando oye que alguien en la comunidad sabe de ella y de que ella es la única bailarina hispana en el Ballet Nacional de Canadá. Ella, después de todo, es conocida con el sobrenombre de "Chiquita" entre sus compañeros.
Es evidente que a Sonia le encanta lo que hace y que valora cada momento que pasa en el escenario. Como los bailarines envejecen, ella sabe que su carrera no será tan larga como parecía cuando tenía diecisiete años, pero incluso después de tomar tiempo libre por el nacimiento de sus dos hijos, cada vez que ha regresado a las tablas lo ha hecho aún con más deseo. Incluso después de lograr tanto como ella lo ha hecho en su carrera, una bailarina nunca tiene suficiente. Sonia lo resume perfectamente: "Tener hijos me ha dado tiempo para darme cuenta de lo importante que es para mí bailar, y cómo esto es una parte de quien soy. No es sólo un trabajo. Una vez que eres una bailarina, siempre eres una bailarín. Tú te puedes jubilar o puedes hacer otra cosa, pero está dentro de ti. Está en tu sangre".
Quizás un párrafo al lado:
Los tres principales ballet clásicos que cree que la gente debería ver:
1. El Cascanueces, porque es una buena introducción.
2. Giselle, porque estaremos haciéndola pronto y es fantástica.
3. La Bella Durmiente, porque la tengo clavada en mi corazón, ya que es el primer papel que hice como bailarina principal.